¿Por qué el reloj del fútbol nunca se detiene?
El reloj del fútbol nunca se detiene porque el juego usa un único reloj corriendo para dos tiempos de 45 minutos. En lugar de pausarse por las interrupciones, el árbitro añade 'tiempo de descuento' al final de cada tiempo para compensar el tiempo perdido por lesiones, cambios y celebraciones.
- 1Un partido son dos tiempos de 45 minutos, y el reloj corre de forma continua en cada uno[1]
- 2El árbitro añade tiempo al final de cada parte por el perdido en cambios, lesiones, pérdidas de tiempo y otras demoras[1]
- 3Ese tiempo añadido puede aumentarlo el árbitro, pero nunca reducirlo[1]
- 4El cuarto árbitro indica el tiempo añadido mínimo al final del último minuto de cada parte[1]
- 5Si hay que lanzar un penalti, la parte se prolonga hasta que ese lanzamiento se complete[1]
El fútbol usa un único reloj que corre y suma a lo largo de dos tiempos de 45 minutos. El árbitro —no un reloj del estadio— lleva el tiempo, y nunca se detiene por lesiones, cambios o celebraciones.
Para ser justo, el árbitro devuelve ese tiempo perdido al final de cada parte. Es el tiempo de descuento (o añadido), mostrado en el cartel del cuarto árbitro como un mínimo: puede durar más, nunca menos. Si se concede un penalti justo cuando acaba la parte, el tiempo se prolonga lo justo para lanzarlo.
Por eso un partido de Mundial de '90 minutos' a menudo pasa de los 100 minutos.
Los deportes estadounidenses paran el reloj constantemente: pases incompletos, tiempos muertos, tiros libres, el aviso de los dos minutos. El fútbol hace lo contrario: el reloj nunca se detiene, así que en vez de pausarlo devuelve el tiempo al final como 'tiempo añadido'. Piensa en el descuento como todas esas paradas de reloj agrupadas y jugadas al final de cada parte, salvo que el árbitro decide la cantidad exacta y no hay una cuenta atrás precisa.
- IFAB — Law 7: The Duration of the Match(consultado 2026-06-01)
- IFAB — Law 5: The Referee(consultado 2026-06-01)